Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades RIAM

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Friday, December 17, 2021

Más allá de creer

Por Enmanuel George López

La Habana, 14 de diciembre de 2021- El pasado 8 de diciembre saltaron las alarmas de tono naranja. Vio el espacio digital un texto periodístico que recogía el testimonio de cinco mujeres víctimas de la violencia de género. Las jóvenes cubanas señalaron en el artículo a un agresor en común, con un modus operandi similar en todos los casos, acontecidos hace más de una década.

La noticia no tardó en gobernar las redes sociales, acompañada de reclamos, apoyos, escepticismos, prejuicios y resistencias. En medio de los linchamientos mediáticos y las revictimizaciones, han aparecido otros pronunciamientos sobre vejaciones sufridas a manos del mismo sujeto.

Desde hace tres días, también fue levantada la primera denuncia formal relacionada a este caso, ante las autoridades policiales. Las voces alzadas por estas mujeres abren un nuevo episodio con respecto a las prácticas machistas en el contexto cubano.

Un sector considerable de la sociedad podría identificar que la violencia, en su versión de maltrato físico, es un fenómeno necesario de erradicar. Sin embargo, persisten otras variantes, más difíciles de identificar, las cuales abundan en las relaciones sociales de la cotidianidad. Muchas veces, la agresión física suele ser una escalada en el recorrido por estas otras modalidades. A pesar de leyes establecidas, campañas de sensibilización y el trabajo de diversas organizaciones, la hegemonía patriarcal prevalece.

Sobre la denuncia pública de estos días se erigen grandes apuestas. Retos que llaman a un trabajo intenso de diferentes sectores, en pos ofrecer la asistencia necesaria a las presuntas víctimas, el debido proceso legal y las lecturas pertinentes de cara a no repetir episodios como los narrados.

Las declaraciones convocaron a romper el silencio de otras que hayan podido ser víctimas del mismo acusado. Se asoma también la intención de evitar que otras mujeres sufran agresiones de modo similar. Ello ha despertado un movimiento de sororidad, el cual debe contar con el seguimiento desde quienes trabajan por la no violencia, como expresión de verdadero acompañamiento.  

De forma reciente fue aprobada por el Estado Cubano la Estrategia Integral para la Prevención y Atención de la Violencia Basada en Género y la que ocurre en el Espacio Familiar. La misma es encargada de detectar situaciones de desequilibrio de poder, así como los protocolos de tratamiento a las víctimas, entre otros aspectos.

La Estrategia puede llegar de manera oportuna para indicar y precisar la dirección que deben tomar las instituciones correspondientes, esas a día de hoy exigidas al calor de estas mujeres que abandonaron el miedo. Aunque el instrumento contempla un eje formativo en los y las operarias del mismo, su temprana edad podría dejar dudas o deudas en cuanto a su aplicación.

A pesar de lo que la justicia resuelva de este caso en concreto, existen encubiertos otros agresores, otras víctimas, otras historias. El desafío por ello continúa siendo la educación. Para las mujeres, es imprescindible el desarrollo de capacidades y empoderamiento, así como el poder reconocer escenarios de inequidad, discriminación, y agresiones, además de los mecanismos dispuestos para demandarlos.

En cuanto al trabajo con hombres, hay que insistir en el desmonte de esos mandatos culturales que exigen y justifican la violencia como recurso de su socialización. Mientras perduren los símbolos que defiendan y representen el machismo como atractivo, tendremos un problema.

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Thursday, December 9, 2021

Un Código de las Familias que también mira a los hombres

 Por Enmanuel George López

Las construcciones de género tienen un impacto diferenciado en las relaciones sociofamiliares para mujeres y hombres. Para las primeras, los roles tradicionales las confinan a las labores domésticas, el cuidado de niños, adultos mayores y la atención de sus maridos. Mientras, los varones cargan sobre sus hombros las decisiones de trascendencia y la consagrada tarea de mantener económicamente.

El patriarcado tiene fuerte arraigo desde el propio núcleo familiar y otorga, dentro de quienes componen este ámbito, especial privilegio a los hombres. La situación gana en rigidez por la invisibilidad de modelos alternativos de familias y de dinámicas intrafamiliares sustentables.

Legislativamente hablando, Cuba intenta cambiar esa realidad. El pasado septiembre fue publicada la versión 22 del anteproyecto del nuevo Código de las Familias, para su análisis y posterior aprobación por cubanas y cubanos. El documento no intenta imponer dinámicas en el hogar ni nuevos tipos de familias, sino reconocer aquellas existentes y generar relaciones de convivencia respetuosas dentro de ellas y hacia las otras.

La norma jurídica tiene ante sí el desafiante encargo de remover mentalidades conservadoras y prácticas machistas. A partir de diversos títulos, son validadas responsabilidades, deberes y actitudes en los varones que significan romper con posturas retrógradas de cómo participar en este espacio.

Pero estos propósitos suponen un ataque contra el modelo heteronormativo tradicional de la familia y contra la hegemonía acostumbrada de los hombres como “pater familia”.

Derechos, género y masculinidades: ¿un debate nuevo?

No es insólito el debate suscitado por el documento en cuestión. Existen numerosos desencuentros marcados por diferentes sectores sobre contenidos, alcance, así como la modalidad de su aprobación.

Hablar sobre la familia como institución donde todas las personas guardan relación deviene en numerosas opiniones de cómo actuar conforme a ella. Sumado a eso, el empeño del anteproyecto en representar – en igual condición y amparo- los diversos modelos familiares con respecto a la preconcebida, supone al menos resistencia. Ello explica la amplia gama de reacciones ante asuntos hasta ahora considerados inamovibles.

Las legislaciones que suponen un cambio de prácticas enraizadas en la cotidianidad suelen ser sujeto de encarnizadas discusiones. Este escenario rememora etapas pasadas donde las leyes avizoraban cambios en el entramado de las relaciones sociales y de género en específico. Particularmente los hombres, en su mayoría, han reaccionado a estos cambios como una disputa por sus parcelas de poder.

Hacia 1918 con la aprobación del divorcio en Cuba, una ola de críticas y desencuentros tuvieron lugar en varios escenarios. Careos políticos, debates entre organizaciones y artículos de prensa fueron algunas de las repercusiones de esta ley. El conflicto se manejaba como una pérdida de autoridad y control de los hombres sobre sus esposas.

Nuevamente las confrontaciones en lo jurídico se evidenciaron a principio de los años 30, alrededor del sufragio femenino en el país. En aquel entonces, el temor de incluir a las mujeres en la vida política y darles el voto en la toma de decisiones fue expresado bajo diversos criterios misóginos. Opinaban que ellas desconocían tanto el ejercicio como su importancia o seguirían fielmente el criterio de sus maridos.

Más cercano en el tiempo, la aprobación en 1975 del Código de la Familia vigente trajo consigo el cuestionamiento de muchos hombres a contenidos particulares del mismo. La ampliación de responsabilidades, la cooperación en las tareas domésticas o las exigencias de tipo afectivas con hijos e hijas fueron aspectos que evidenciaron la buena salud del machismo cubano.

Hoy el seno familiar vuelve a ser ese espacio en disputa. En él se ha retroalimentado periódicamente el desequilibrio de poder y la autoridad de los hombres. Por lo cual, el presente debate sobre el – hasta ahora- Anteproyecto del Código de las Familias no tiene menos decibeles.

Tantos hombres como formas de familias

Los hombres suelen sentir presión por conformar el retrato familiar preestablecido del “hombre-esposa-hijos”. Les añaden exigencias sobre la organización, el tiempo y las condiciones para elaborarlo. Los preceptos culturales sobre el deber masculino han estrechado las posibilidades de constituir espacios familiares fuera de ese esquema acostumbrado.

La familia monoparental, homoparental, ensamblada, extendida, nuclear o transnacional son algunas de las múltiples composiciones del hogar. En dichas variantes, muchos varones están integrados por decisión o por haber nacido dentro de ese espacio. No son pocos los casos de modelos no tradicionales que son objeto de discriminaciones y sesgos por verse aparejados a situaciones de orientación sexual diversa de algún integrante o la posible ausencia de uno de los progenitores.

Persiste una mirada más preocupada de la estructura familiar del domicilio que de las relaciones establecidas en su interior. Sin embargo, aspectos medulares de la convivencia o prácticas insanas – como el irrespeto y la desprotección- llegan a ser menos señalados.

Desde un manejo plural del término “familia”, el anteproyecto apuesta por un reflejo más amplio del hogar cubano. Las disímiles maneras de organización hallan su derecho a reconocimiento de forma paralela o equitativa a la familia matrimonial tradicional, sin ser reguladas a partir del canon heteronormativo paradigmático.

Este mosaico posibilita también legitimar diferentes modelos de masculinidad en torno a los varones y sus relaciones con sus respectivos espacios familiares. Ello puede contribuir al desarrollo de actitudes más colaborativas y respetuosas de los hombres dentro de sus dinámicas de convivencia.

¿… padre es cualquiera?

Muchos de los postulados establecidos en el anteproyecto refieren la atención y cuidados plenos que merecen hijos e hijas. En materia de relaciones materno y paterno filiales ocurre una importante variación en la nomenclatura sobre el reconocimiento de derechos de los padres sobre descendientes menores de edad.

El artículo 143 destaca la sustitución del término “patria potestad” por “responsabilidad parental”, no solo desde el sentido nominal, sino a través de cambios en materia cultural sobre la participación en la crianza de los infantes.Especialmente los varones, se hallan ahora convocados a la educación de sus sucesores desde la corresponsabilidad. La expresión tiene un significado consustancial con la paternidad responsable.

La corresponsabilidad exige la creación de estrategias para integrar a los padres activamente en los momentos de estudio, juegos y el desarrollo en general de sus hijos e hijas. Rompe con distanciamiento frente a determinados deberes, con la comunicación esporádica o la exclusiva tarea de manutención económica.

La concientización de este deber, apartado de estereotipos machistas, puede ser traducida en una relación ganar-ganar. Por un lado, proliferan ambientes familiares más sanos y vínculos emocionales confiables. Por otro, deconstruyen esa postura hegemónica de la masculinidad no dialogante o que no dedica tiempo al disfrute de ellos.

Sin embargo, llaman la atención algunos comentarios conservadores con respecto a las nuevas denominaciones. El poder del “hombre de la casa” está en juego con estos términos; es el aspecto al que apuntan algunos criterios.

Con la lectura en profundidad del artículo 286, es posible analizar que en nada disminuye la responsabilidad o la autoridad, sino su ejercicio de manera diferente. La educación y guía de los niños, niñas y adolescentes no puede aplicarse desde el poder, la imposición, el miedo o el golpe. El llamado es a practicar esa autoridad a través de la comprensión, fortalecer el liderazgo por las vías del amor y el diálogo.

Sin dudas, esta mirada más democrática en el ejercicio de la responsabilidad parental apunta a la acentuación de un modelo afectivo y sensible de lo que significa ser padre. Proyecta una imagen alternativa, ajena a símbolos de poder y autoridad rígidos. Promueve una mirada de la figura paterna como seres queridos imprescindibles para dialogar y sentir apoyo.

No es un código para violentos

Varios expertos implicados en la construcción del texto legislativo han destacado la ponderación de los afectos alrededor de la amplia ecuación de situaciones del tejido familiar.

Un aspecto resaltante en el anteproyecto es la transversalización del contenido del mismo por la no violencia. El título III del documento se refiere específicamente a la temática de la violencia familiar, a sus manifestaciones, su alcance, así como las disposiciones dirigidas para la atención de estos casos. El hecho de tipificar sus variantes dentro del espacio familiar, permite rediseñar el criterio común sobre este fenómeno, asentado en la agresión física como única forma.

La transmisión generacional de este tipo de prácticas ha propiciado la normalización de conductas agresivas y la contribución a la llamada “cultura de la violencia”. Muchas veces se expone que situaciones de violencia intrafamiliar tienen sus causas en la infidelidad, el alcoholismo o el irrespeto a los padres, sin ser analizadas como detonantes. La génesis debe considerarse en el desequilibrio de poder, en el recurso del maltrato físico y emocional como instrumento válido para imponer criterios y voluntades, en las formas de socialización de mujeres y hombres a la sombra de esa cultura de la violencia.

Dentro de la filiación, el artículo 295 en particular, señala como métodos inapropiados de disciplina hacia hijas e hijos el castigo corporal, la humillación, o hechos que lesionen y menoscaben su desarrollo físico y psicológico.

La anulación de la corrección física y el maltrato, supone un importante avance en materia de derechos de niñas y niños, para el ejercicio de una vida libre de ambientes violentos. Por igual, llama la atención respecto a la herencia de métodos de castigo, donde lejos de educar y generar respeto, afectan las capacidades cognitivas y emocionales de los infantes.

La masculinidad en su versión hegemónica carece de herramientas comunicativas para expresar emociones y opiniones, con consecuencias en los diferentes espacios donde interviene. La ausencia de diálogo y auto-análisis deja desprovisto a muchos hombres para lidiar con diversas situaciones, lo que les obliga a recurrir a formas no pacíficas ni prudentes para enfrentarlas.

El incremento de los índices de violencia en el hogar guarda relación con la configuración de las masculinidades alrededor de la autoridad. La violencia doméstica se apropia de múltiples factores relacionados a cómo los hombres conciben que deben ser y actuar, desde preceptos patriarcales. Por el contrario, una masculinidad no agresiva incide favorablemente en las relaciones hacia el interior de la casa, en el disfrute entre sus convivientes.

 

El cambio más allá de la ley

¿Están los hombres preparados para abandonar determinados mandatos culturales que les exigen ser autoritarios y libres de aplicar la fuerza física? ¿Están listos para asumir variantes y relacionarse de manera pacífica, cordial y equitativa?

A partir de la contribución del derecho desde un carácter no solo regulador, sino preventivo y educativo, el Código de las Familias trae aparejado a su contenido profundas implicaciones sociales y culturales. Ello significa, entre otras cosas, desterrar prejuicios anquilosados en la cotidianidad.

El Código, si bien actualiza las pautas establecidas por más de 45 años sobre las dinámicas familiares, tiene un alcance, llega hasta un punto. Un grupo importante de regulaciones debe transfigurarse en consonancia con los aspectos que el texto jurídico indica.

Lleva una preparación como sociedad para entenderlo, y un acompañamiento desde el resto de las disciplinas de las ciencias sociales. No puede resumirse al establecimiento de la norma; son importantes los contextos y sus análisis. Es imprescindible crear espacios de trabajo, contemplar su trayectoria, alertar y prever.

Resultará interesante el seguimiento a las variaciones obtenidas luego de las consultas populares. Ello podría ofrecer en cierta medida, el nivel de aceptación de la nueva ley, conectada con la necesidad de transformar todo un conjunto de esquemas que han normado las relaciones sociales por mucho tiempo.

Es vital una revolución en la manera de pensar, de concebir la familia y de concebir los vínculos a lo interno de la familia. El patriarcado y sus resistencias quedan nuevamente en el centro de la problemática. Es necesario contar con los hombres para la transformación hacia una sociedad con equidad, y son imprescindibles sus propias transformaciones.

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Monday, May 25, 2020

Intervenciones Tercera sesión: La Violencia Masculina La Otra Pandemia


Debate virtual



Enmanuel George (MODERADOR) ‎Empezamos con las siguientes preguntas
¿Disminuye la violencia masculina durante la cuarentena?
¿La violencia que se genera en este contexto del confinamiento, se debe meramente a la estancia de los hombres en el hogar o a las asimetrías de poder?


Yonnier Angulo Rodríguez/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Buenos días colegas y un saludo a nuestro moderador de hoy Enmanuel George. El tema en cuestión, la violencia masculina, es de prioridad #1 y aún más en los tiempos de pandemia y cuarentena que estamos viviendo. En especial, el alarmante aumento de la violencia de género en los hogares ha sido noticia a nivel global. Ejemplo reciente ha sido el comentario del presidente de México, cuando dijo que no ha aumentado la violencia hacia las mujeres y que existía "fraternidad familiar", por lo que fue criticado por varios sectores feministas y de defensa de derechos humanos.

Norma Vasallo /La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Buenos días colegas. Gracias por propiciar este espacio sobre un tema tan importante con tanta presencia en las actuales condiciones de confinamiento.
La violencia de género se hace más visible en estos tiempos.  ¿Por qué los hombres se sienten con derecho a ejercerla en cualquier espacio?

Maite Diaz/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Muy importante colocar a debate la VG en el contexto actual pues justamente las condiciones de aislamiento y distanciamiento personal (necesarias e imprescindibles en el panorama mundial) aumentan los factores de riesgo para su incidencia

Claudia Cancio-Bello Ayes/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Lamentablemente el distanciamiento social aísla a las mujeres que estaban en situación de violencia, las coloca en una posición de vulnerabilidad mayor, por esto, es imprescindible este tipo de debates para cooperar con ellas desde diferentes lugares.

Julio Pagés/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Los hombres rivalizamos en diferentes campos y de diferentes formas: en el estudio, en el trabajo, en el vecindario, en los deportes, debatiendo algún tema, con nuestros amigos, familiares y con los integrantes de cualquier grupo social al que pertenezcamos. Siempre estamos a la defensiva. Nunca descansamos. En cada una de estas áreas, por llamarlas de alguna manera, rivalizamos acorde con sus características, circunstancias y tipos de persona con las que nos relacionamos.
Es por ello que esta rivalidad puede expresarse de diferentes formas. Entre estas manifestaciones está la violencia. Nos comportamos violentos para reafirmar nuestra masculinidad, porque necesitamos demostrar a todos y todas, incluso a nosotros mismos, que para ser masculinos tenemos que, entre otras cosas, probar en la, concreta que sabemos ofender, intimidar, golpear y hasta matar a cualquier otro hombre, que consideremos nuestra competencia.

Norma Vasallo/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Colegas,  acabo de ver un mensaje sobre la educación en el hogar y la recomendación de no gritar a lxs niñxs . Esa es una vi para formar actitudes violentas.  En estudios que realice hace años con personas que habían cometido delitos, encontré que de manera "natural" se relacionan de forma violenta (gritos, gestos amenazantes, etc) sin conciencia de ello, eran las pautas de comportamiento aprendidas en sus casas. Pero esto también estaba naturalizado para las mujeres, por lo que no ven las primeras señales de una relación violenta en su pareja.
Este es un elemento, pero hay muchos más en los que la cultura patriarcal se expresa en los diferentes niveles

Yonnier Angulo Rodríguez/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
El coronamachismo (ese virus que provoca la enfermedad social conocida como violencia de género en condiciones de confinamiento en tiempos de Covid 19) ha sido el responsable de que aumenten según la OMS en un 60 por ciento los maltratos hacia las mujeres. Ejemplo, Argentina el 1er día de cuarentena el 20 de marzo hubo un 70 por ciento más de llamadas de denuncia. Y eso solo son los casos que se pueden contabilizar, si se tienen en cuenta que muchos casos no son denunciados por sus víctimas. Es aterrador lo que está sucediendo. Probablemente nunca en la historia las mujeres habían estado aisladas socialmente con sus  agresores, quienes se aprovechan de esto del poco o nulo contacto con familiares, amigos o vecinos.

Marilyn Solaya/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
¡Buenos días! Gracias por la iniciativa y por la oportunidad que siempre me ofrecen de participar en estos debates. Los temas sobre la Violencia de Género son muy poco abordados por los hombres. Tanto hombres como mujeres desconocen su significado. Creo que esa es la razón por la que cuesta tanto identificarlo como un verdadero "problema" en nuestra sociedad.
Durante el proceso de investigación para la posterior realización de mi largometraje Vestido de novia, comencé a comprender los diferentes tipos de violencia gracias a la participación de la Red Iberoamericana-Africana de Masculinidades y a su creador el Dr. Julio César González Pagés, a quien tuve que acudir como asesor. Las personas en las que me inspiré para crear los personajes, todas eran víctimas de la violencia que generan el machismo y el patriarcado. Los estereotipos y roles tradicionales, así como las fobias impiden que mujeres y hombres vivan plenamente y disfruten de muchos derechos alcanzados. Todos los conflictos de los personajes giran a partir de un pene que ya no estaba en esa persona... Y en nombre de la defensa de esa condición masculina, muchas veces desde la apariencia, todos se sintieron con derecho a violentar a las protagonistas. Solo basta con presentar un tema tabú para que afloren los diferentes tipos de violencia: Violencia que ejerce la estructura hacia hombres y mujeres, violencia de hombres hacia otros hombres, violencia de hombres hacia las mujeres...

Julio Pagés/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Vivimos en sociedades que, aunque han tratado de aparentar lo contrario, están organizadas a partir de estructuras que violentan a los individuos. Esta violencia ha estado históricamente en todos los lugares de la vida pública: en la laboral, con trabajos que muchas veces resultan enajenantes; en las ciudades, llenas de consumismo y esquizofrenia; en los campos, marcados por la soledad y el atraso socioeconómico y cultural; en las escuelas, cuna de las diferencias raciales, de clase y género. No es de sorprender que esta violencia sea aprehendida de diferentes formas por los individuos y reflejada en sus vidas privadas.

Maite Diaz/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Se han descrito algunas de estas condiciones por ejemplo que aumenta el tiempo de convivencia entre víctimas y agresores, se pueden incrementar los conflictos cotidianos  y las tensiones a punto de partida de  la propio situación, el agresor puede tener una percepción de seguridad e impunidad mayor  pues la mirada social esta puesta en otros asuntos, entre otras. Continuar trabajando con las mujeres para su empoderamiento y el fortalecimiento de su autoestima es imprescindible. Continuar trabajando con los hombres para el desmontaje de su VG desde estrategias certeras es clave. Continuar visualizando la realidad de la VG a nivel social con resortes de convencimiento que favorezcan el entendimiento, sensibilización y comprometimiento de actores sociales y población en general  es fundamental. Pero impactar en las estructuras de dominación patriarcal con sus bases machistas, androcéntricas  sexistas  y  heteronormativa es un ASUNTO DE PRIMER ORDEN. Ellas perpetúan desigualdades  y sostienen culturalmente la supremacía masculina. Suscribo a la doctora Proveyer cuando insiste en el carácter estructural y cultural de la VG

Neida Peñalver Diaz/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Buenos días. Gracias una vez más por este espacio de intercambio y por el aporte de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades RIAM en acciones por la No violencia desde la academia y el activismo social, por casi 15 años de trabajo.

Mónica Gonzalez/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Sobre esta situación de la violencia en tiempos de cuarentena está muy interesante las medidas que dio el gobierno de Malasia a las mujeres del país, pidiéndoles que no molestaran a sus esposos, que hablaran de manera moderada, estuviesen siempre maquilladas y bien arregladas y contar hasta 20 en caso de molestarse ellas para evitar la violencia en la pareja.
El gobierno recibió una lluvia de críticas por esto y tuvo que pedir perdón. Les dejo capturas de pantalla de uno d los órganos digitales que dio la noticia. A esto se sumaron otros medios como el país, la vanguardia, la república y más. Desafortunadamente la proclama oficial inicial del gobierno Malasio fue sacada de todos los medios pero hay otros que al menos mantienen la noticia de las disculpas posteriores.
Desafortunadamente el machismo y la violencia son virus mayores y que conviven en nuestra sociedad hace más años que el coronavirus y que ha cobrado de igual manera la vida de tantas mujeres y niñas. Este virus sigue siendo aún una tarea pendiente.

Yonnier Angulo Rodríguez/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
¿Cómo algunos países han respondido a este aumento de violencia de género? Sale a relucir que en Italia crearon una App para que las víctimas puedan alertar sin necesidad de llamar o enviar mensaje que la pueda complicar aún más. En España y Francia adoptaron palabras claves para que las víctimas en sus visitas a las Farmacias pudieran alertar al personal de estos centros y a su vez estos a las autoridades.
Respecto a los medios de comunicación, como el tema del virus ha eclipsado al de la violencia de género, sería necesario que se retome la visibilidad a la pandemia machista que sufren las mujeres. Igualmente las acciones que venían realizando los movimientos feministas antes de la pandemia deben ser apoyadas con igual intensidad, y que este contexto no lleve a las sociedades a minimizar o descalificar los derechos de las mujeres a vivir sin violencia.

Norma Vasallo/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Trabajar con los hombres para prevenir la violencia de género es muy importante, no sólo por su condición de sujetos de esas conductas, sino también por el rol que desempeñan en la socialización de otros bien sea como padres futuros como parte de grupo de amigos, maestros, colegas en instituciones laborales,  vecinos y otros.
La cultura patriarcal está en la subjetividad social e individual y se transmite en la actividad y la comunicación entre las personas, a veces sin darnos cuenta

Marcel Ortega/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Creo que sería interesante pensar también en la violencia de género a la que pueden estar sometidos los hombres en la situación actual. Abogando por el género como construcción sociocultural que adjudica roles y producciones simbólicas, y situados sobre la difícil situación económica actual y la que se avecina, se puede palpar en muchos hombres la presión por "cumplir" y "rendir" ante la situación y ciertos imaginarios subjetivos asignados por la sociedad al hecho de ser hombres: "es quien paga”, “es quien tiene que mantener a su familia". Son estos atributos y asignaciones que habitualmente se hacen a la figura masculina y las afectaciones por no poder cumplirlas dada la crisis económica actual y dentro de ella, podría agudizar el malestar psicológico en muchos hombres.
Se puede agregar otro hecho en concreto de violencia de género, en este caso fue en el Reino Unido, entre marzo y abril ocurrieron muchos incidentes de maltrato a la mujer, tanto así que las llamadas de socorro a las líneas de ayuda por el tema ascendieron en un 49%. Quiero traer no sólo el hecho sino la capacidad de las autoridades para disminuir este maltrato, en concreto un plan de acción urgente que emprendió el primer ministro Boris Johnson y el Partido Conservador que trajo mejorías en la situación. Con esto una mirada optimista, que está en la posibilidad de la cooperación de distintos frentes para frenar la violencia. Desde la psicología y ciencias a fines, en articulación con las autoridades para tomar las medidas correspondientes, el trabajo unido y firme, la cooperación como fortaleza, es la mejor solución para disminuir la violencia.

Marilyn Solaya/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
La violencia machista y sus diversas expresiones existe en nuestra sociedad y muchas veces se dificulta el trabajo de visibilización en los Medios de Comunicación audiovisuales, porque muchos de los decisores no logran identificar esta realidad como un verdadero problema que afecta tanto a hombres como mujeres. La violencia contra las mujeres constituye una violación de los Derechos Humanos y una forma de discriminación, y comprende todos los actos de violencia basados en el género. Ante ello, permanecer impasibles legislativamente es un acto de absoluta irresponsabilidad. Los debates sobre estos temas muchas veces se quedan en espacios académicos, no logran llegar a la gran mayoría de las personas y esto dificulta el trabajo de sensibilización.

Alejandro Martínez González/La Violencia Masculina La Otra Pandemia
Saludos cordiales desde Madrid a todas y todos los participantes de este interesante encuentro. Por sumar una pequeña contribución al debate, apuntar que una vertiente especialmente interesante sobre la que están versando algunas reflexiones y acciones en España gira en torno al abordaje del atractivo de la violencia. Es paradójica la prevalencia por ejemplo en el cine de masculinidades cuyo atractivo se refuerza por su capacidad para ejercer la violencia.

La Violencia Masculina La Otra Pandemia

18 personas · asistieron  (Cuba, España, Suiza y México)
12 personas interactuaron
8 veces compartido
(50 % mujeres y un 50 % de hombres)

1-Yonnier Angulo Rodríguez
2-Neida Peñalver Diaz
3-Norma Vasallo
4-Marilyn Solaya
5-Jesús E. Muñoz Machín
6- Enmanuel George
7-Maite Diaz
8-Juan Carlos Travieso
10--Osmayda Hernandez
11-Olga Lydia Valdes Rodriguez
12-Alberto Corona
13-Yalenis Velazco Fajardo
14-Rosalia Acosta
15-Mónica Gonzalez
16-Olga Morales
17-Elba Torres
18-Maria Ángeles Vilaboy Rodriguez

Organizaciones, grupos y redes:
1-Centro Félix Varela CFV
2-Gran Teatro de la Habana GTH
3-UNEAC
4-Proyecto AfroAtenas, matanzas
5-COSUDE Suiza
6-RIAM
7-UNJC
8--Cátedra de la Mujer de la Universidad de la Habana
9-Museo Servando Cabrera
10- Proyecto Tod@s
11- Facultad Psicología de la Universidad de la Habana
12 –OAR
13- Universidad La Salle, Madrid

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Monday, May 11, 2020

LA VIOLENCIA MASCULINA, LA OTRA PANDEMIA






Por: Enmanuel George López

La Habana, 9 de mayo de 2020

Las medidas especiales que se toman para combatir el nuevo coronavirus en el panorama actual, entre las que figuran el distanciamiento físico y la restricción de movimiento en el espacio público, impactan en algunas dinámicas sociales que las personas tenían concebidas hasta el momento. Los malestares, molestias y preocupaciones que inciden particularmente en los hombres, pueden verse reflejados a partir de actitudes confrontativas y violentas.

La OMS y otras organizaciones han destacado el incremento de la violencia doméstica durante la etapa de la cuarentena. Las secuelas de estar recluidos en la casa con más frecuencia o la totalidad del tiempo, evidencian con más notoriedad el desequilibrio de poder en las relaciones de parejas y con los hij@s. El incremento de los índices de violencia en el hogar guarda relación con la manera en que los hombres tienen configuradas sus masculinidades alrededor de la autoridad.

El ámbito público también denuncia posiciones machistas de desacato a las medidas de carácter preventivo orientadas, el enfrentamiento a l@s agentes del orden y hasta peleas en las colas para comprar algunos productos. La violencia masculina trasciende el escenario doméstico, se apropia de múltiples factores relacionados a cómo los hombres conciben que deben ser y actuar, desde preceptos patriarcales.

Las preocupaciones de orden económico, así como la supuesta falla en determinados mandatos culturales que tienen los varones, desencadenan diversas manifestaciones de violencia, en la medida que éstos no asumen variantes para relacionarse de manera pacífica y equitativa.

La masculinidad en su versión hegemónica carece de herramientas comunicativas para expresar sus emociones y opiniones, con las consecuencias que ello provoca en los diferentes espacios donde interviene. La ausencia de diálogo y de capacidad de auto-análisis deja desprovisto a muchos hombres de habilidades para lidiar con diversas situaciones y tener recurrir a formas no pacíficas ni prudentes para enfrentarlas.

Desde la visión de las masculinidades, las aspiraciones del cambio transitan por un rediseño de las actitudes machistas. El contexto del confinamiento doméstico podría ofrecer la oportunidad de modificar hábitos y conductas de desigualdad de género en ese escenario y a partir de ahí, hacia el espacio público. Una masculinidad no violenta incide favorablemente en la atención y el disfrute de sus hij@s, en la preocupación de su salud y en establecer relaciones basadas en la igualdad y el respeto.

El mundo ha demostrado que necesita de ajustes para su sostenibilidad; desde el enfoque de género se considera que modelos alternativos de masculinidades pueden contribuir a ello.


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Tuesday, May 5, 2020

Machismo impacta salud de los hombres en pandemia de Covid-19




De la redacción / semlaccu@enet.cu -Reynaldo Marrón hace mucho que no sale de casa, aunque no logra precisar cuántos días. Está consciente de que, a sus 67 años, con hipertensión, diabetes y gota, tiene que “cuidarse como gallo fino”.
Si se contagia con el nuevo coronavirus o la Covid-19, enfermedad que este virus produce, “me voy del parque”, asegura, en alusión a una complicación y muerte segura.
Marrón reside en la localidad de Guásimas, municipio de Cárdenas, en Matanzas, ciudad a unos 100 kilómetros de la capital cubana que ha reportado eventos de transmisión local de la infección.
Sin embargo, Marrón no es una persona que habitualmente se preocupe por su estado de salud. Según declaró a SEMlac, no realiza a diario el chequeo de sus niveles de azúcar, aunque sí toma los medicamentos para ese y el resto de sus padecimientos.
Tampoco es muy estricto en el cumplimiento de la dieta: confiesa que ama los dulces y muchas veces los consume en lo que, personalmente, denomina “versión para diabéticos”.
Algo tiene en común con Johnny Peña Fernández, tres décadas más joven que él y residente en la ciudad de Holguín, en el oriente del país, a 743 kilómetros de La Habana. El joven de 33 años de edad es hipertenso y no muy disciplinado con su tratamiento médico: a veces olvida tomar el enalapril, aunque tiene en su poder el medicamento.
Son dos historias entre muchas de los hombres en Cuba hoy, desde jóvenes hasta personas mayores, con al menos un punto en común: la falta de autocuidado y el abandono de su propia salud física y mental. Un comportamiento que conlleva mayor exposición a riesgos, como resultado de roles, normas y prácticas de género impuestos socialmente.
La crisis sanitaria que ha generado la pandemia del nuevo coronavirus Sars-CoV-2 obliga a voltear la mirada, de acuerdo con expertos, a otros elementos más allá de la enfermedad.
Si bien la pandemia por sí misma no discrimina por sexo, edad, origen u otras características personales, el modo en que se organiza la respuesta a esta emergencia sí puede hacerlo. Aunque mujeres y hombres se afectan por el nuevo coronavirus, la biología y el género condicionan de algún modo las cargas con que se manifiesta en cada cual la enfermedad.

La salud masculina
Las estadísticas mundiales desglosadas por sexo indican que la mayor mortalidad por el nuevo coronavirus recae en los hombres. No es diferente para Cuba. Hasta las 12 de la noche del sábado 2 de mayo, la nación caribeña reportaban 1.649 personas diagnosticadas con Covid-19, de ellas 51,6 por ciento son hombres (852 casos), de acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Salud Pública.
Para entonces, de los 67 fallecidos, 40 eran del sexo masculino, para 59,7 por ciento del total. Como particularidad, solo tres de los 38 cubanos —dos eran ciudadanos italiano y ruso— que han muerto por la nueva enfermedad no presentaban otros padecimientos de base y 35 tenían más de una patología asociada.
Entre las comorbilidades más frecuentes en los pacientes cubanos fallecidos se encuentran la hipertensión (24), diabetes mellitus (12) y la cardiopatía isquémica (9), pero llama la atención que en comparación con el mismo análisis entre las mujeres, aparece una diversidad mucho mayor de enfermedades.
Para los hombres, se consignan además la enfermedad pulmonar obstructiva (7), la enfermedad renal crónica (6), diferentes tipos de cáncer (5), demencia y Alzheimer (3), cirrosis hepática (3), asma bronquial (1) y otras patologías (11), entre las cuales uno era portador del VIH y otros dos tenían antecedentes de alcoholismo.
La tendencia que revela la pandemia pone de manifiesto un asunto que no es nuevo: la forma tradicional en que se construye la masculinidad también está matando a los hombres.
De acuerdo con la psicóloga Patricia Arés Muzio, “la virilidad o masculinidad, en tanto rol asignado, está determinada por un conjunto de cualidades, sentimientos, actitudes y pautas de comportamientos culturalmente aceptados y legitimados al proceso de ser hombres”.
A ellos se les educa para no expresar sus sentimientos, para no participar en tareas domésticas “que son solo asunto de mujeres”, mientras que su función asignada es la de “ser proveedores económicos de la familia”.
Contradictoriamente, no se les prepara para esa vida familiar interior y sí “para estar en la calle”, buscando los insumos y el sostén económico, donde normalmente están más expuestos. En épocas de crisis, como la que vivimos, el peligro se incrementa, abunda la especialista.
En Cuba hay una sobremortalidad masculina en nueve de las 10 principales causas de muerte en el país, confirman las ediciones del Anuario Estadístico de Salud de Cuba del último lustro. Excepto para la diabetes, ellos mueren más que sus pares femeninos por enfermedades del corazón, tumores malignos, enfermedades cerebrovasculares, influenza, neumonía, accidentes, cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado, así como lesiones autoinfligidas intencionalmente, entre otras.
La sección científica de Masculinidades, de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), en el primer Consenso de profesionales cubanos(as) sobre salud masculina, alertaba que “cuando se mira a la población masculina, se aprecia una menor esperanza de vida y mayor mortalidad en prácticamente todas las edades, así como una menor proporción de longevos en este grupo etario”.
“Asimismo, la mortalidad de los varones menores de un año es mayor que la de las niñas; en el cuadro de mortalidad masculina las causas externas aparecen siempre entre las cinco de mayor incidencia; son más afectados por el VIH/sida, padecen más adicciones y predomina para ellos la distribución sexista de roles en la crianza de los hijos”, explica documento.

Los mandatos culturales
En la salud de mujeres y hombres influyen los mandatos culturales, entre otras condicionantes sociales. En opinión de la profesora Georgina Alfonso González, directora del Instituto de Filosofía, las diferencias se conectan igualmente con los cuidados y quienes tradicionalmente los asumen.
“El cuidado de la vida es esencialmente una preocupación de las mujeres”, asegura Alfonso en su artículo ¿Por qué mueren más hombres que mujeres por el COVID-19? Por el machismo.
La investigadora sostiene que “el machismo otorga solo a las mujeres, ‘por su naturaleza’, la capacidad de abnegación, sacrificio y consagración para el cuidado de las demás personas. Las mujeres, al ser esencialmente cuidadoras, estamos obligadas a cuidarnos”, asegura.
A la par, históricamente, la socialización de la masculinidad tradicional lleva a los hombres a ignorar asuntos relacionados como su autocuidado.
“Tras el mandato de ser valientes, los hombres demuestran poca percepción de riesgo. El riesgo se asume desde una lógica machista de enfrentar el peligro, de no demostrar temor”, señala Enmanuel George López, Coordinador de Proyectos de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (Riam).

A la falta de autocuidado masculino, se agregan los preceptos culturales y sociales que sostienen la división sexual del trabajo y los responsabilizan a ellos con la economía y las garantías para proveer a la familia.
Desde Holguín, Johnny Peña Fernández vive los días de aislamiento en casa junto a esposa y sus dos hijos pequeños, que requieren de atención constante, pues la niña aún es lactante y el varón no ha cumplido los tres años.
Peña, trabajador por cuenta propia, es quien sale todos los días de su casa, aunque dice tomar todas las medidas de seguridad para evitar el contagio. Debe atender así las demandas de sus clientes como gestor de la compañía telefónica Etecsa, y también busca los alimentos o los recursos que necesita su familia.
“La vulnerabilidad económica es un temor recurrente que los hombres combaten de forma diferenciada, pues el machismo la señala como una pérdida de autoridad, una falla irrevocable como jefe de familia y el incumplimiento de su rol principal”, explica George en su artículo “Masculinidades en desafío. La cuarentena y el reto para los hombres”.
Para la psicóloga Patricia Arés, la supuesta valentía y la poca conciencia de riesgo es también una manera de negar el miedo. “Los hombres tienen miedo al miedo y la respuesta socialmente aceptada es la soberbia y las conductas arriesgadas”, comenta a SEMlac.
George explica que confinarse al ámbito doméstico supone para muchos hombres restringirse a un espacio donde no se representan y tener que afrontar diariamente problemáticas con las que muchas veces no están identificados.
A juicio de usuarios de las redes sociales, no son pocas las consecuencias de la llamada cuarentena sobre los hombres, a cuenta del machismo.
Así lo han dicho durante un coloquio virtual, el 30 de abril pasado, organizado por la Riam y con apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.
El historiador Julio César González Pagés llamó la atención sobre el hecho de que, “desde el inicio del llamado al aislamiento y el distanciamiento social, se han manifestado actitudes negativas y machistas de los hombres, como no colocarse correctamente el nasobuco, exponerse al peligro, estar jugando dominó en grupo, como si no pasara nada, y eso obviamente preocupa a la población y la autoridades”.
Para el coordinador del proyecto AfroAtenAs, Yoelkis Torres, los hombres se ven afectados por creerse “invencibles” y lo expresan en frases como “eso no nos coge”, “estamos acostumbrados a eso” o “eso es cosa de…”.
El activista alertó, además, sobre la realidad de los “los hombres gays, trans o con cualquier otra orientación sexual o de género no heteronormativa, quienes realizaban su vida mayormente fuera de casa y ahora sufren cierta sensación de encierro al tener que lidiar con la violencia homofóbica de las familias”.
Sucesos vinculados al consumo excesivo de alcohol por parte de los hombres dentro de casa y en espacios públicos, así como situaciones de violencia en los hogares y en la calle también fueron relatados en el foro, que lanzó una pregunta provocadora: ¿qué significa para los hombres la frase: quédate en casa?
“Es un reto para hombres y mujeres, un reto frente a los modelos hegemónicos de masculinidad. Una oportunidad de cambiar las dinámicas familiares en favor de la no violencia, la paternidad responsable, la redistribución de los roles y tareas del hogar, de las relaciones de poder”, consideró la internauta Neida Peñalver Díaz.
Yonnier Angulo, coordinador de la Riam, dijo en uno de sus post que “quizás para la mayoría de ellos la cuestión debería ser: quédate y redescubre tu casa”.                                    
                                               Sigue el debate…
La Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (Riam) anuncia que seguirá promoviendo la reflexión y el debate acerca de las masculinidades, la cuarentena y el reto para los hombres.
Mediante un coloquio online que reunirá a personas de la academia y el activismo de Cuba, España, México y Nicaragua, los jueves 7, 14 y 21 de mayo, se responderán preguntas en el blog de la Riam y en la página en Facebook destinada para el encuentro.   

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