Saturday, December 5, 2009

Imagen femenina en discurso mediático marcó debate de género

Por Amelia Roque

01 de diciembre de 2009, 17:21 La Habana (PL) Los medios establecen a través de sus discursos un eje de matrices culturales que reproducen juicios, sistemas normativos, mitos y estereotipos, afirmó hoy aquí Isabel Moya Richard.

Moya, presidenta de la cátedra "Mirta Aguirre" del Instituto Internacional de Periodismo "José Martí" y directora de la Editorial de la Mujer, hizo esta afirmación en una conferencia magistral durante el segundo día de sesiones del taller regional para elevar la conciencia de género a través de los medios de comunicación.

Al abordar el tema sobre elementos del discurso mediático en la representación de la imagen femenina, la profesora aludió a la concentración cada vez mayor de grandes megaconglomerados de la información, el ocio y el entretenimiento, en los que tienen gran peso las compañías trasnacionales.

Unas pocas dominan el mercado mundial, en un proceso del cual los grupos mediáticos latinoamericanos no escapan, señaló.Estos medios regionales explicitan el poder hegemónico, y constituye uno de los mecanismos de reproducción del patriarcado en el plano de la subjetividad, planteó Moya ante periodistas de 15 países latinoamericanos, reunidos en este Taller.

Entre las características de la violencia simbólica, la experta -autora de libros y artículos con enfoque de género-, destacó la banalización, cómo se justifica la agresión física a la mujer con argumentos como la pasión o el amor, o se trata el tema con una nota roja.

Al intervenir el doctor Julio César González Pagés, coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades, destacó los vínculos con la cátedra "Mirta Aguirre", con la cual se han efectuado foros, cursos y presentaciones de títulos.

Pagés resaltó que esta Red se pronuncia contra la violencia de género y por una cultura de paz, y tiene entre sus objetivos el debate de las principales problemáticas al respecto y la propuesta de alternativas de cambio para los hombres.

Con un foro virtual para intercambiar opiniones y poner en común experiencias con vistas a construir un periodismo no sexista y participativo, concluyó la jornada de hoy de este encuentro que aboga por un periodismo comprometido con el ser humano y la justicia social.Auspician el Taller la cátedra "Mirta Aguirre", la Oficina de la UNESCO en La Habana y el Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación, y se extenderá hasta el viernes próximo.

Publicado: martes, 01 de diciembre de 2009 AGENCIA PRENSA LATINA (PL)

Sunday, November 8, 2009

Reflexión sobre el concepto de masculinidades en Cuba

Por Maya Anderson

Lo siguiente es una reflexión sobre el concepto de masculinidades en Cuba a partir de un viaje de cinco días entre La Habana, Santiago de Cuba y Baracoa. La mayor parte del viaje se dedicó a visitar a tres famosas compañías de danza, el Ballet Folclórico de Oriente, el Teatro de la Danza del Caribe, y el Ballet Folclórico Cutumba. Aunque el viaje era principalmente de estudios una parte de la experiencia resultó siendo también turística. Entre otras cosas, se aprovechó el tiempo para visitar ir a la Casa de la Trova en Baracoa. Me gustaría detenerme tanto en los aspectos más académicos del viaje como los más turísticos para reflexionar sobre los varios tipos de masculinidades que surgieron e monopolizaron la situación descrita en cada anécdota.

La cuestión del baile como empleo en Cuba es interesante si uno lo considera desde un punto de vista occidental donde el baile es una actividad y un empleo estereotipado como femenino. Las masculinidades latinas parecen admitir movimientos que las masculinidades europeas o asiáticas no incluyen dentro de su definición psico-social. De las tres compañías de danza vistas en Santiago de Cuba, sólo el Teatro de la Danza del Caribe presentó una mezcla de danza contemporánea y de danza llamada folclórica o tradicional. Las demás compañías hicieron coreografías que se presentaron como siendo estrictamente folclóricas. La diferencia más notable entre los bailes fue la representación de género. En los bailes folclóricos los varones y las hembras casi siempre bailaban haciendo movimientos distintos y el espacio del escenario se dividía mucho en dos, con los varones por un lado y las hembras por otro. Al contrario, las coreografías de danza contemporánea se hacían por parejas varón/hembra que raras veces se separaban durante el baile, que cuando hacían movimientos distintos era para construir figuras apoyándose el uno en el otro. También fue interesante observar que en la muestra de danza contemporánea hubo varios solistas de ambos sexos que se distinguían más por sus vestidos que por sus movimientos.

A pesar de sus diferencias de presentación, ambos tipos de baile resultaron parecidos en una cosa: el uso estético del simulacro del acto sexual heterosexual. Muchas de las interpretaciones transmitieron una visión hiper-sexualisada de la pareja heterosexual, poniendo el acto sexual reproductor al centro de la creación artística. Aun con unas observaciones tan simples e insofisticadas surge la problemática del arte (en este caso el baile) que reproduce realidades y valoraciones sociales contemporáneas, cómo la deificación de la heterosexualidad, protagonizado por el varón que debe poseer (en todos los sentidos) a la hembra. Así es que tanto en el baile folclórico como contemporáneo, los movimientos del baile en si se vuelven símbolos físicos que forman a su vez parte de una alegoría de la realidad.

En segunda instancia otra anécdota, siempre con el baile como tema central pero fuera del ámbito profesional. El turismo en Cuba, como en muchos otros lugares, es un fenómeno que exacerba los estereotipos tanto del extranjero como del cubano, lo cual se ve particularmente con respecto al baile popular. Pensando siempre en esta dinámica del estereotipo como vehículo del exotismo, lo que quisiéramos destacar son los roles masculinos que intervinieron en un grupo de aproximadamente cincuenta personas agrupadas un viernes por la noche en la Casa de la Trova de Baracoa. El rol de los varones fue mirar, moverse libremente por la sala buscando una pareja, sacar a bailar, si una hembra esta acompañada pedir el permiso los hombres que vinieron con ella (y por consecuente a quien(es) ella pertenece) para sacarla a bailar, dirigir en el acto de bailar, si la hembra no sabe bailar adecuadamente enseñarle, etc.

Toda la libertad de iniciativa pertenece en este caso al varón, y en el contexto específico de la Casa de la Trova, al varón cubano cuyas capacidades como bailador le permite dominar a los varones extranjeros que se quedan sentados mientras sus mujeres aprenden a bailar con otros. Por un lado, aun que este tipo de interacción pareciera poner al varón cubano en posición de poder, puede percibirse por otro lado como un reforzamiento de una dinámica más bien colonial. Esta dinámica que hiper-sexualiza al varón colonizado tanto en el baile profesional como popular puede verse como la fuente de normas que rigen los valores sexuales y raciales de la isla desde hace siglos.

¿Espacios Vedados?

por Guadalupe Pérez Zambrano

Como seres sociales que somos respondemos a normas que regulan nuestro comportamiento no solo público sino también privado. Por eso toda transgresión a este sistema de relaciones de poder es atacado y censurado como negativo.

Por aquí pasa el preestablecer lo que a cada género le corresponde como aporte social, o sea como empleo. Así etiquetamos profesiones y le ponemos oficio de sayas o de pantalones y si alguien lo viola se cuestiona no solo su capacidad laboral sino incluso su orientación social.

Ejemplo de lo anterior lo vemos en el desempeño de algunos deportes, así el baseboll, el boxeo, están pensados como deportes masculinos, aquí a las mujeres se les exigirá patrones femeninos a la para de los deportivos entonces se cuestionará tanto el nivel deportivo como la capacidad de las atletas de lucir agradables y de no alejarse de lo que debe ser el canon de belleza que deben cumplir las mujeres.

Otras profesiones que durante generaciones nos han sido vedadas son las que suponen llevan un esfuerzo físico elevado como conducir transportes pesados, trabajadoras de la construcción, pilotos, bomberos, policías, etc.

Pero no solo se ha cuestionado la fuerza de nuestro físico sino nuestra capacidad intelectual, es por eso que si una mujer ocupa altos cargos directivos está expuesta a comentarios que cuestionan su labor exigiéndoles rendimientos superiores a los masculinos.

Para el caso de los hombres, también hemos diseñado modelos de comportamientos que los llevan a mostrar su hegemonía. Es por eso que ver a un hombre de enfermero, oficinista, modelo, peluquero puede llevar a cuestionar su poder como “macho” y ser criticados por otros hombres que si siguen los patronos hegemónicos e incluso por las mujeres que gustan de estas cualidades en el sexo opuesto.

Sería igual de válido analizar los factores que llevan a marginarnos a frenar nuestro desempeño laboral que creo viene dado por la concepción de lo que es bueno para cada género.

Entonces encontraríamos en los anales de la historia algunas explicaciones en el hecho de que la mujer se quedara haciendo labores domésticas y el hombre saliera a buscar el sostén familiar. No creo que la solución la podamos encontrar, en el rechazo a labores como las de mama de caso, al contrario creo que esta se debería valorar y no concebirla como un gen del cuerpo femenino y por ende un atributo de obligación sino que deberíamos partiendo de las diferencias entre lo que socialmente se considera trabajo y lo que es empleo y tomarse como un digo empleo, para aquellos quienes opten por realizarlo ya sean hombres o mujeres.
(1)Trabajo: Acción y efecto de trabajar Actividad que se revierte en ella y resultado que se obtiene en aquello que se ha operado. Su fin es lograr bienes con que satisfacer necesidades humanas.

(2)Empleo: Ocupación remunerada Sistema de la economía en la que todas las personas que lo desean y están capacitadas pueden colocarse.

Esto pasa por cosas tan simples como la educación, debemos educar a las mujeres en desarrollar la capacidad de decidir que es lo que quieren ser, en que sector desean desarrollarse y a los hombres de manera tal que puedan ser independientes en lo que a labores domésticas se refiere, no como simples colaboradores sino como actores principales. Dejar que sea nuestras preferencias las que definan el futuro.
De esta forma estaremos optando por el desarrollo de una cultura de paz que nos lleve a erradicar la marginación social y la violencia de género.

Genero y Empleo

por Colette Perold

En el artículo “¿Es posible (des)encadenar la desigualdad de género en América latina?” Juliana Martínez Franzoni y Koen Voorend exploran el concepto de la manera en que regímenes diferentes enfocan en una política de igualdad antes de otras, al final privilegiando ciertos grupos marginales y olvidándose de otras. Por ejemplo, hablan del combate a la pobreza como una prioridad sobre el genero, quizás “por omisión” o quizás “por intención” (p.150.) Es en esta parte de su articulo donde tenemos la obligación de reflejarnos un poquito. En casi cada articulo de este libro, los autores hablan de la familia como algo de que tenemos que liberarnos. Pero lo que voy a proponer en este ensayo es que usemos una idea a que estaban acercando Juliana Martínez Franzoni y Koen Voorend para entender el papel de la institución de la familia en la igualdad de los géneros.
Quizás un producto del psicoanálisis del siglo veinte, o quizás un producto de la sociología de la misma época, muchos académicos y políticos nos piden que miremos a la familia como la fuente de la opresión en la sociedad. Pero dado la aserción de Franzoni y Voorend – de que frecuentemente pasa que una sociedad usa la excusa de un sistema de opresión para ignorar otros – propongo que pensemos más del concepto de la interseccionalidad, lo que explica la manera en que los sistemas de la opresión se vinculan mutualmente.
Muchos autores en Genero y Empleo hablan de la manera en que la institución familiar impide al adelantamiento de las mujeres afuera de la esfuerza de trabajo. Pero esta opinión refleja un discurso no solamente moderno ni individualista pero además occidentalista, y por eso, imperialista. Si tenemos una comprensión interseccionalista de la igualdad de los géneros, veremos que la concepción de la familia como algo de que debemos liberarnos de hecho no nos va a ayudar resolver la cuestión de la desigualdad de los géneros. ¿Cómo podemos luchar contra una institución hétero-sexista de la subordinación de las mujeres si estamos usando un retórico todavía imperialista?
En el artículo “Las mujeres jóvenes en el mercado de trabajo: entre los datos y los discursos,” Inma Pastor enfoca en la conexión no-existente entre los datos y los discursos actuales sobre el género. Habla de una de las contras de haber logrado una igualdad casi completo entre los géneros: “La ausencia de discriminación jurídica y la existencia de normativa y regulación que impide, casi totalmente, la discriminación directa por razón de sexo, hace que las desigualdades de género estén marcadas por la invisibilidad, lo cual puede hacer rebajar o anular la percepción de esta desigualdad” (p.79.) Aunque sus ideas sobre la discordia entre los datos y los discursos actuales son muy importantes, no habla en su artículo sobre la construcción del discurso mismo, sino la normalización de ella.
Lo que falta en este artículo es una delineación de las maneras en que las mujeres confrontan discriminación afuera de la esfuerza de trabajo. ¿Cómo podemos imaginarnos la igualdad de los géneros si pensamos de una institución – en este caso, la esfuerza de trabajo – adentro de un vacío? ¿Qué podemos decir sobre otras herramientas de la patriarca, por ejemplo la violación de mujeres como una arma de la guerra; el traficante humano; le negación de la agencia sexual de mujeres por quizás la iglesia católica en muchos países latinoamericano o la iglesia evangélica en los estados unidos; el acceso a la contracepción o el cuidado reproductivo medical? No vamos a tener una idea suficiente del discurso que oprime a las mujeres si pensamos dentro de una óptica tan limitada como la óptica de la esfuerza de trabajo.
Pero para terminar, me gustaría decir que el sujeto para que busquemos en todo de estas investigaciones no debe ser de hecho las mujeres. El culpado es las estructuras hétero-sexistas que dominan nuestro discurso actual. Cuando pensamos en la familia como una institución de la opresión, debemos pensar no en las maneras para separarnos de ella, sino en las maneras en las cuales los papeles adentro de la familia o la importancia dado a la familia nuclear son construidos socialmente. Cuando entendemos los valores familiares como una estructura de pautas de género excesivamente rígidas, estamos liberados a crear un mundo donde – poco a poco – podemos mover el discurso actual lejos de un binario de género y hacia un espectro de identidades más subversivos. Con este discurso más amplio, tenemos mas herramientas de conceptualizar nuestra influencia potencial sobre las relaciones de género dentro de la esfuerza de trabajo. Así tenemos un punto de partida con más utilidad, en vez de concentrarnos tanto en una sola institución que en la vida actual, existe en una red de muchos sistemas de opresión, y no en un vacío para estar disecado como una espécimen.

Trabajo vs. empleo: una institución generada

Por Colette Perold

Aunque la diferencia entre “empleo” y “trabajo” puede ser una de semántica, tiene más significancia cuando se piensa de la manera en que las dos palabras se usan adentro de un binario de genero. Primero, “trabajo” es una palabra que se usa en una manera general, mientras “empleo” se usa para referirse a trabajo renumerado. Por ejemplo, el “trabajo” que hace la mayoría de las mujeres adentro de la esfera domestica está considerado “trabajo reproductivo” y nunca “empleo,” y el “trabajo” que hace la mayoría de los hombres está siempre considerado “empleo.” En esta conversación, es importante guardar en mente de que lo que estemos hablando son las instituciones y no los individuos. En muchos casos, los hombres hacen el trabajo reproductivo, y por supuesto muchas mujeres hacen trabajo renumerado.

Por la manera en que trabajo/empleo es una institución en mayor parte generada, el discurso utilizado adentro puede ser muy indicativo de nuestras construcciones de genero socio-cultural. O mejor dicho, en cuanto vemos “trabajo” como institución generada, dividida entre trabajo y empleo, podemos empezar a entender las maneras en que las nociones generadas del cuerpo son resultados de las relaciones entre el cuerpo y su trabajo, sea renumerado o no.

Por toda la historia de los Estados Unidos, la relación entre uno y su trabajo ha frecuentemente dictado una comprensión generada de las relaciones de la raza. Por ejemplo, al principio del siglo veinte, mientras la mayoría de la población negra todavía vivía en el sur rural, las mujeres negras se consideran menos “femeninas” por su (casi) renumerada trabajo manual en los plantaciones. Esta noción de la “femeninidad” se deriva de nociones de la “pureza blanca,” basada en el papel de la mujer como la guardiana de la esfera domestica y reproductiva. Trabajo reproductiva consistía en la crianza emocional y el fomento del niño, tanto como la conservación de la casa y su capacidad mantener estabilidad familial. Por eso, las papeles de las mujeres negras y las mujeres blancas desarrollaron adentro de un binario rígido. El principio del feminismo en los Estados Unidos reflejó aquel binario en una perfección esencialista: mientras la mayoría de las mujeres blancas luchaban por su derecha salir de la esfera domestica sin pena, la mayoría de las mujeres negras luchaban por su derecha atender a sus niños y pasar tiempo adentro de la casa con sus familias.

Y un dinámico parecido se ocurrió con los hombres también. Mientras los hombres blancos históricamente han tenido los puestos más renumerados y poderosos en los Estados Unidos, el desempleo entre los hombres negros fue comparado frecuentemente a la femeninidad, o aún a una desmasculinización o castración del hombre negro por el hombre blanco.

Por lo tanto, la dependencia de la masculinidad sobre el empleo crea una situación donde, durante los bajos económicos, parece que la “masculinidad” está “amenazada” frecuentemente. La conexión entre la violencia y el desempleo para los hombres puede explicarse potencialmente en términos de la sobre-compensación de una masculinidad perdida, aunque las investigaciones más de fondo son necesarios para evitar hacer conclusiones esencialistas. Otro punto de partido importante para investigaciones adicionales es la dependencia de las pautas de genero sobre el empleo a través de una serie de sociedades con sistemas económicas diferentes, donde las relaciones entre el empleo, el estado, y la accesibilidad a los servicios públicos varia drásticamente.

Género, Masculinidad y Empleo

por Elizabeth Sakers

Aunque no puedo hablar con la autoridad profesional sobre los temas de género, masculinidad y empleo, pienso que todas las personas pueden entender algunas cosas fundamentales sobre estos temas simplemente porque las viven en el mundo social. En realidad, todos los temas son interconectados—no es posible de pensar en el empleo sin pensando en género y en la masculinidad. El mundo social es el resultado de cosas especificas que combinan para formar la vida real y mundana del gente. Pero, es muy importante de investigar las fuerzas sociales que los dos constituyen la vida de cada individuo y también están construyendo de las acciones y creencias de cada persona.

¿Cómo se puede definir la palabra “género”? En realidad, es imposible de integrar todos los significados de este tema en un ensayo. Pero, es posible de notar los significados fundamentales sobre género. Primero, se tiene que diferenciar el tema de género y lo de sexo. El concepto de sexo es una cosa científica—es simplemente biología natural. Es claro que el tema de género está relatado en una manera básica al tema de sexo porque las diferencias entre los géneros están dividiendo de líneas biológicas. Pero, en realidad no se puede explicar las diferencias entre los géneros en palabras biológicas. Género es un fenómeno social. El concepto de género está construyendo en el mundo social y, por esta razón, debe ser analizado solamente en el mundo social. Hay una línea fuerte entre los temas de género y de sexo que no debe ser cruzado. Cada cultura tiene los estereotipos de género—es parte de la normativización y naturalización del concepto en cada micro-mundo social. Es posible de hablar en palabras generales sobre los estereotipos y la concepción del género en este mundo, pero tiene que entender que las cosas especificas sobre el tema de género son diferentes en cada región, en cada país y, en realidad, en cada barrio.
Género es un concepto que está implicando con nociones de “hetero-normatividad.” En realidad, género ha sido dividido en dos partes—entre la masculinidad y la feminidad. Este binario de género es el problema fundamental con el concepto. ¿Si no se encuentra un lugar en el binario, como se defina su género? Esto es un gran problema por muchas personas. También, porque el género está construyendo entre la masculinidad y la feminidad, es imposible de pensar en la masculinidad sin también pensando en la feminidad. En un binario, una de las cosas defina la otra. Sin una parte del binario, la otra parte no puede existir. Por ejemplo, el concepto de la masculinidad está formando de la noción que la masculinidad es que la feminidad no es. Para mi, este concepto es un pocito difícil de explicar—especialmente en un idioma segundo. Pero, estoy tratando de ser clara. La definición de la autoimagen está formando cuando cada individuo decide que no quiere ser. Es un concepto muy interesante y tiene valor social y también psicológico. En realidad, cuando se pregunta, ¿Qué es el concepto de la masculinidad?” no puede pensar en los característicos masculinos—este tipo de pensamiento no tiene mucho valor. La pregunta más fundamental es ¿Por qué hay una noción de característicos masculinos?” Y, dado que un binario de género existe, ¿por qué hay un binario?” Se tiene que desafiar el binario—no solamente los característicos de la masculinidad que están produciendo del resultado de este binario de género.

Como he dicho, no puede pensar en los problemas de la brecha de género en el sector del empleo sin pensando en el género y la masculinidad. En realidad, hay una diferencia entre el concepto de “trabajo” y lo de “empleo.” Los dos han sido definido de las nociones y estereotipos de género en el mundo social. En mi experiencia, el “trabajo” siempre ocurre en el sector privado. No es remunerado porque, en general, no recibe un salario para el trabajo en este sector. Las cosas mundanas de la vida son trabajo—el trabajo es “natural” y necesario. Al otro mano, el “empleo” ocurre en el sector público—y por lo tanto las personas reciben un salario para su “trabajo.” Hay un valor inherente del trabajo público y este valor está reforzando cuando las personas reciben una recompensa monetaria para su trabajo público—su empleo. El concepto de género siempre ha tenido un rol en la brecha entre los dos conceptos. En una manera muy normativa, el trabajo de las mujeres es una cosa “natural.” Por supuesto, no estoy de acuerdo con esta noción. Pero, porque las mujeres han trabajado en el sector privado, su “trabajo” es “natural” y no tiene valor tangible—no reciben cada forma de recompensa. Cuando los hombres trabajan en el sector público, su “trabajo” no está viendo como una cosa natural. Cuando las mujeres entran el sector público, la diferencia entre el concepto de trabajo y lo de empleo es muy clara y presenta un gran problema—especialmente porque ahora las mujeres están desafiando los estereotipos que ha sido determinado del binario de género. Como he dicho, todos los fenómenos son interconectados.

Para asegurar que las mujeres pueden continuar de mover hacia el trabajo público (el empleo), es necesario que todas las personas desafíen el binario de género. Se tiene que entender que la noción de género está construyendo en el mundo social y es basado en normas locales de hetero-normatividad y género. La de-construcción del concepto de género es absolutamente necesario si se quiere erradicar las estigmas y los estereotipos que siempre han definido la brecha entre los géneros. En una manera aun más fundamental, se tiene que erradicar el binario de género—pero, esto es una cosa muy complicada. En realidad la mejor cosa que todas las personas pueden hacer es de preguntar las suposiciones y las palabras que usan cuando están hablando sobre estos temas como género, la masculinidad y el empleo. Cada individuo tiene que ser consciente sobre la parte que ello tiene en la reproducción de las nociones de género. Porque, como he dicho, las personas construyen su propio mundo social y, por esta razón, pueden romper y, después, cambiar y reconstruir este mundo también.

Tuesday, October 27, 2009

“Masculinidades y Empleo”

Por Daniel Alejandro Fernádez González

Red Iberoamericana de Masculinidades.

Saludos a tod@s, mi nombre es Daniel y soy un joven cubano integrante de la Red Iberoamericana de Masculinidades. Confieso que cuando Julio César me propuso sumarme a estos debates sentí algo de temor, pues en los dos años que llevo de estudio sobre los varones y sus masculinidades, los temas relacionados con el empleo y la economía no han estado entre mis prioridades. No obstante, recordé que la oportunidad de participar como relator en el seminario presencial que se realizó en febrero de este año en La Habana: “Género y cohesión social. Trabajo y empleo”; y el haber reseñado las presentaciones de los textos “Género y empleo” y “Pactos entre géneros y políticas públicas. Género y cohesión social”, durante la Feria Internacional del Libro celebrada en esa misma fecha; me habían conducido a realizar algunas lecturas y aproximaciones a estos temas.
Ahora, tras examinar los debates efectuados en la primera parte de este foro virtual y después de leer el comentario de la colega Elizabeth Brezovich, quisiera brindar algunas ideas generales que considero realzan el trabajo realizado durante estos seminarios y foros en los que se ha debatido sobre temas de género y empleo.
En primer lugar cobra especial relevancia que estos foros y seminarios se hayan convertido en espacios donde son socializados libremente los saberes y experiencias acumulados por l@s participantes. Una de las grandes deudas que aun conservan muchos grupos e instituciones que dedican sus esfuerzos a la búsqueda de relaciones equitativas entre hombres y mujeres, radica en los caminos paralelos que siguen sus acciones, sin que se produzcan intentos por intercambiar, compartir y aunar sus experiencias particulares. Promover una unidad de acción dentro de la diversidad de contextos y realidades que nos ciñen, se convierte en requisito indispensable. En ese sentido, estos foros y seminarios han posibilitado a l@s participantes apropiarse de todo el conocimiento que a partir de los debates e intercambios ha ido “fluyendo” por la web o los salones.
El segundo elemento a destacar es el trabajo continuo que se ha venido desarrollando alrededor de las temáticas relacionales con el género y el empleo. La celebración de foros virtuales, seminarios presenciales, la publicación de textos, cuadernos de trabajo, memorias y relatorías, todo ello con una secuencia lógica para su realización, ha hecho posible sistematizar conocimientos, unificar métodos de trabajo, descubrir nuevos caminos para promover y acceder a los cambios que buscamos, e identificar nuevas áreas u objetos de investigación; en fin: establecer un proceso ininterrumpido de acciones que ya se traducen en resultados positivos y que esperamos no se detenga.
Muy importante ha resultado la participación de varones comprometidos con la búsqueda de nuevas relaciones entre mujeres y hombres, signadas por el diálogo, la igualdad de oportunidades y el respeto mutuo. Alejarnos de aquellas reuniones, foros o eventos donde la presencia de hombres es nula o “mal vista”, redundará, sin duda alguna, en una mejor comprensión de las problemáticas sujetas a debate, máxime si tenemos en cuenta que cualquier cambio positivo que se alcance en el camino hacia la equidad, tendrá consecuencias para ambos sexos. Recordemos, que en este proceso de búsqueda de nuevas relaciones, será de mucha ayuda que los varones estén conscientes y dispuestos a “perder” muchos de los privilegios que el actual orden de género les otorga. Conseguir que además, logren ver los múltiples beneficios que traerá para sus vidas, el deconstruir esos modelos tradicionales de ser hombre, es una apuesta que debe realizarse. Para ello, sin duda alguna, su presencia resulta ineludible.
A lo expresado en el párrafo anterior se suma la feliz idea de incorporar en los debates - ejemplo de ello es esta segunda parte del foro- las experiencias de trabajo en temas de género y empleo, que se han suscitado desde los estudios de masculinidades. Como tod@s conocemos, el orden actual que caracteriza a las relaciones de género, no sólo coloca a los varones en una posición hegemónica y discriminatoria sobre las mujeres; a la par establece relaciones desiguales entre ellos, quienes se ven en muchas ocasiones sobreexigidos y “saturados” de malestares, en su afán por reunir y/o desempeñar todas aquellas características, conductas y roles propios de los modelos hegemónicos de masculinidad que imperan en nuestras sociedades. En ese sentido, advertir y comprender las dinámicas que rigen la socialización entre los varones en los distintos campos sociales, y las implicaciones que éstas tienen en las relaciones entre los géneros, es un paso fundamental para la consecución de nuestros propósitos.
Colocar en el centro de los debates el tema de masculinidades y empleo ha sido, sin lugar a dudas, un excelente acierto. Coincido con la colega Brezovich cuando señala que: en la mayoría de los grupos de estudios de masculinidades las problemáticas relacionadas con el empleo no han sido suficientemente potenciadas y/o abordadas. Ello pudiera evidenciar cierta paradoja si tenemos en cuenta la importancia que reviste dentro de la construcción socio-cultural del varón el espacio económico, y por tanto el empleo, en función de su rol primario de proveedor exitoso. Solo una mirada simplista, pudiera obviar la relación dialéctica que se establece entre el mundo laboral y la construcción y socialización de género de los hombres; así como su incidencia en las relaciones con las mujeres.
Lo expresado en el párrafo anterior evidencia la necesidad de potenciar los estudios sobre el impacto de las dinámicas actuales del mundo laboral en la vida de los varones, máxime si tenemos en cuenta que estamos sumidos en una crisis global en todo los órdenes, que día a día “incorpora” millares de hombres a los ejércitos de desempleados, sin importar si hablamos de naciones desarrolladas o del llamado “tercer mundo”. Lógicamente muchos de estos varones se ven sumidos en otra crisis: la de su masculinidad, al encontrarse como sujetos improductivos e incapaces de afrontar las tareas que históricamente le han sido asignadas a su género. En este proceso descubrimos que no sólo son los varones los que resultan afectados. Para sus familias, esposas e hij@s, se convierte en una situación extremadamente tensa. Se encuentran entonces ante hombres que como respuesta a esta crisis de masculinidad adoptan posiciones como: suicidio, separación de la familia, aumento de la violencia contra esposas e hij@s, alcoholismo y/o drogadicción, incurren en actos ilegales que los llevan a prisión con el consecuente alejamiento familiar, desarrollan un sentido de inutilidad que los lleva a sumergirse en una especie de “stand by”, etc.
Vemos entonces que el tema del empleo se convierte en un nexo articulante entre todos los aspectos implícitos en la vida de los varones y la construcción de sus masculinidades. Incide y afecta en sus formas de ejercer la paternidad, en la relación que establecen con las mujeres y entre ellos, en su salud mental y física, en la exacerbación de conductas y características asociadas a su género.
Una ultima idea que quisiera compartir es que: considero que para estudiar, comprender, valorar e incidir en todas las problemáticas que encierra el tema empleo y masculinidades, resulta esencial que al hablar de hombres y masculinidades no trabajemos con una visión universal o esencialista. Reconocer las implicaciones que tiene otras categorías como la raza, la nacionalidad, la clase, la pertenencia étnica, la edad o la religión, es primordial a la hora de realizar estudios, establecer criterios, medir consecuencias o elaborar políticas favorables. Si todas estas categorías inciden en la multiplicidad de modelos de masculinidades que podemos reconocer a partir de diversos contextos históricos y geográficos, su incidencia se hace presente de igual forma en este tema. La juventud, el status de migrante, el pertenecer a la “raza negra”, vivir en un país subdesarrollado, son condicionantes que siempre van a incidir en las posibilidades de acceso a empleos de los varones.
Bueno quisiera agradecer la posibilidad de poder participar de estos debates, espero que las ideas que aquí expuse contribuyan al enriquecimiento de los mismos y produzcan nuevos comentarios.